Logo IAAR  
 
  
     

 


 

Testimonios

 

Papua-Nueva Guinea, Argentina, Benin, Haïti.


Papua-Nueva Guinea


Los efectos de la formación PRH entre un grupo de drogadictos en Papuasia Nueva Guinea.

Vivimos y habitamos con gente que habla ya sea Pidgin o bien una forma de inglés simplificado. Muchos de entre ellos son drogadictos. Reciben  una cierta escolaridad por un tiempo, pero muy pronto recurren a la marihuana que crece tan fácilmente en Papuasia Nueva Guinea y que internacionalmente se conoce como  “el oro de PNG”. La fuman, intentan revenderla o la cambian por fusiles… comienzan a beber y a hacer atracos. ¿Qué más podrían hacer? Aparentemente no hay trabajo, no hay futuro para ellos. Como drogadictos son excluidos de su comunidad. Su vida no tiene más sentido. Contactamos a esos jóvenes y les damos talleres PRH.

Por el momento cuarenta se han puesto de pie. Se comprometen en el voluntariado. Se han integrado de nuevo a su comunidad y todos dicen cuánto les ha ayudado PRH.

Gracias a PRH han encontrado una nueva vida, y también un sentimiento de valor y de felicidad. Algunos han logrado recomenzar en una vida que estaba totalmente quebrada. Intentamos acompañarlos en sus vidas. Por supuesto, algunos han vuelto a caer en la marihuana y en la bebida, pero regresan, y vuelven a ponerse de pie. Ya no pierden la esperanza.

Se han traducido seis talleres al Pidgin, y la mayoría de los otros a “inglés controlado” o “inglés restringido”. Estamos muy agradecidos de vuestra ayuda para el trabajo de traducción, que nunca termina y les damos unas grandes gracias.

Paulus-Maria MARFURT-formadora.


Argentina

Daniel – un hombre joven en Argentina

Yo llevaba una vida sin esperanza, con padres desprovistos de la sabiduría necesaria para acoger y formar al niño que yo era. No tenía la posibilidad de desplegarme. Sin embargo, una vez que llegué a ser adulto algo en mí se negaba a capitular, comencé mi búsqueda. Fue así que encontré la formación PRH y que descubrí que yo no era tan malo como creía. Muy por el contrario, estaba lleno de colores e incluso con mis frustraciones y heridas, la vida merecía ser vivida.

Hoy frente a la adversidad ya no me siento con las manos desnudas, aprendí cómo protegerme y qué me da fuerzas. Crecí. En algunos años me transformé en otra persona y las personas que me rodean me lo reflejan. Se me dio la oportunidad de hacer algo y la tomé. Por una razón u otra, gracias a PRH mi vida tiene de nuevo sentido.


Benin


Viviane, 40 años – acompañante de niños en situación difícil en Benín.

El taller “Ayudar a mis hijos a llegar a ser ellos mismos” hizo de mí una madre y una mejor educadora. Me siento más preocupada del futuro y de la educación de los niños de quienes soy responsable. Con mis propios hijos me transformé en una mamá más paciente, dispuesta a repetirlo todo y que da un buen ejemplo. Los otros niños me miran como una mamá que “nunca golpea a sus hijos “.  


Haïti

Isaac – un hombre en Haïti

Veo que no soy responsable de lo que hizo mi padre. Mi padre se casó con mi madre, pero tiene otras mujeres. Tiene seis hijos con una mujer, un hijo con otras tres y con mi mamá tiene siete. Descubro las causas de lo que me hirió, por qué soy tan tímido. No podía resistir frente a la dureza y la severidad de mi padre.

Por otro lado, lo que me da mucha alegría es su valor, su valentía, su capacidad de tener una visión de conjunto. Es por eso que respeto mucho su personalidad.

Descubro ahora mi libertad y mi aspiración de ser yo mismo. Yo soy yo y él es él. Es por eso que no tengo miedo de tomar distancia respecto a lo que él ha hecho.

Estoy orgullo de mí y de mi camino hacia la autonomía.

Volver